la gran visita y reso

Oírte no quiero


Verte menos

La razón por la cual hoy estoy frente a ti

La única razón es la siguiente

Me inspira saber como siendo tan solo un servidor de tu dios

Te opusiste ante nuestro cruel ventarrón de muerte

Como
 si para nosotros era como quitar la bicileta a un niño

Pero aquí me tenes refiriéndome a ti como a un gigante al que hay que admirar

Oscar como lograste traspasar el agónico tiempo como a pesar de tanto tiempo

Me revientas los tímpanos pero no es a mí a quien tienes que reclamar

Yo solo soy el que han enviado a admirarte oscar nuestro ventarrón de muerte

Aun te persigue pero allí estas ahora mas vivo que nunca escuchamos tus gritos

Y ya no tenemos métodos como callarte amen

tomado de www.epdlp.com

Cristina Peri Rossi


El museo de los esfuerzos inútiles (fragmento)



" El espacio que queda entre la espada y la pared es exiguo. Si huyendo de la espada, retrocedo hasta la pared, el frío del muro me congela, si huyendo de la pared, trato de avanzar en sentido contrario, la espada se clava en mi garganta. Cualquier alternativa, pues que pretenda establecerse entre ellas, es falsa y como tal, la denuncio. Tanto el muro como la espada sólo pretenden mi aniquilación, mi muerte, por lo cual me resisto a elegir. Si la espada fuera más benigna que el muro, o la pared, menos lacerante que el filo de aquella, cabría la posibilidad de decidirse, pero cualquiera que las observe, comprenderá enseguida que sus diferencias son sólo superficiales. Sé que tampoco es posible dilatar mi muerte tratando de vivir en el corto espacio que media entre la pared y la espada. No sólo el aire se ha enrarecido, está lleno de gases y de partículas venenosas: además, la espada me produce pequeños cortes 'que yo disimulo por pudor' y el frío de la pared congestiona mis pulmones.... Si consiguiera escurrirme, la espada y el muro quedarían enfrentados, pero su poder, faltando yo entre ambos, habría disminuido tanto que posiblemente el muro se derrumbara y la espada enmoheciera. Pero no existe ningún resquicio por el cual pueda huir, y cuando consigo engañar a la espada, la pared se agiganta, y si me separo de la pared, la espada avanza. He procurado distraer la atención de la espada proponiéndole juegos, pero es muy astuta, y cuando deja de apuntar a mi garganta, es porque dirige su filo hacia mi corazón. En cuanto al muro, es verdad que a veces olvido que se trata de una pared de hielo y cansado, busco apoyo en él: no bien lo hago, un escalofrío mortal me recuerda su naturaleza. He vivido así los últimos meses. No sé por cuánto tiempo aún podré evitar el muro, la espada. El espacio es cada vez más estrecho y mis fuerzas se agotan. Me es indiferente mi destino: si moriré de una congestión o me desangraré a causa de una herida, esto no me preocupa. Pero denuncio definitivamente que entre la espada y la pared no existe lugar donde vivir. "







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Cenizas y piedras