matador

Siento un hilo profundo


que atraviesa el espacio

-de tiempo en tiempo llega

despacio-.

Siento olor de llanuras

llenas de peregrinos

-la llanura se llama

camino-.



Siento de pronto el gusto

de un raro mineral,

me siento a veces hombre

y muchas animal.

Se confunde el deseo

de calentar la piel

con rugidos lejanos

que recuerdan mujer.



Y en una playa angosta caen del cielo

estas reminiscencias de veneno.

Yo no sé, pero hay días sin reposo

que lo que tenga cerca lo destrozo

muy primitivamente, casi salvajemente,

con odio, con desprecio, con rencor,

con palabras hirientes, con garras y con dientes,

con rabia, con violencia, con horror.



Le he cantado a la muerte

como nadie con vida,

mas yo dijera siempre:

querida.

Junto a cada palabra

hay cuerpos de millones

y los maté yo mismo:

perdonen.



A veces se me olvida

que mato por vivir

y olvido los entierros

y no quiero dormir.

El día que me acusen

no me defenderé:

esta culpa es muy vieja, de todos la heredé.



Y en una playa angosta caen del cielo

estas reminiscencias de veneno.

Yo no sé, pero hay días sin reposo
que lo que tenga cerca lo destrozo
muy primitivamente, casi salvajemente,
con odio, con desprecio, con rencor,
con palabras hirientes, con garras y con dientes,
con rabia, con violencia, con horror.


silvio rodriguez cuba

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Cenizas y piedras